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EURONET 50/50 en el CEIP Menéndez y Pelayo




Bosco Valero

Habíamos quedado con Juan José Flores, profesor de música en el Colegio Público Menéndez y Pelayo a las 9 de la mañana. Eso supone salir de Santa Olalla a eso de las 8 menos cuarto, aún de noche y con el coche cubierto por una fina capa de hielo. Nuestro viejo coche de 3ª mano no tiene aire acondicionado ni calefacción, y no por no contaminar, es que no ha funcionado nunca, para qué os voy a engañar. El caso es que hay que abrigarse bien a estas horas. Llegamos sin incidentes justo en el momento en que entraban todos los alumnos y alumnas, y Juanjo en cuanto nos vio entrar con pinta de forasteros despistados, nos cazó casi al vuelo y no se separó de nosotros en la hora y media que duró nuestra visita. Todo ese rato duró, también, mi asombro ante el maravilloso trabajo que estaban haciendo los profes y alumnos en un centro que es vanguardia en este tipo de proyectos innovadores, y en el que como decía el propio Juan José, “se apuntan a todo”.


Hace tres años, y aprovechando un cambio en el sistema de calefacción, de la tradicional caldera diésel a estufas eléctricas de bajo consumo, la Delegación de Educación y la Diputación de Huelva se pusieron en contacto con el centro, famoso como digo por no decir “no” a nada, para proponerles llevar a cabo una experiencia piloto de eficiencia energética en un centro escolar, dentro del proyecto europeo EURONET 50/50. Consiste básicamente en convertir a los alumnos y alumnas en los “auditores energéticos” del cole, vigilantes durante el tiempo que dure el proyecto (en el caso del Menéndez y Pelayo, 2 cursos), de que el centro ahorre todo lo posible en consumo energético. ¿Para que? Para invertir ese ahorro en más eficiencia energética del propio centro, y ayudar a sufragar los costes municipales en su mantenimiento, al 50% (de ahí el nombre del proyecto), sensibilizando sobre lucha contra el cambio climático durante el proceso. ¿Y cómo..? Veréis, el concepto en torno al que gira el proyecto, y hace que funcione, es el “equipo energético”: un grupo de estudiantes de diferentes cursos y edades, con interés comunes en  ecología, medio ambiente, el huerto escolar… y otros quizá no con tanto interés, pero animados por el profesorado a que canalicen su energía sísmica en actividades no-destructivas.


Dentro del “pack de materiales didácticos” del proyecto, facilitado por Diputación de Huelva, hay una programación de actividades, y unos cuantos “gadtes” chulísimos, como termómetros adhesivos donde los niños y niñas aprenden a tomar la temperatura del aula. La intensidad de la luz también se mide, con un chisme que se llama “luxómetro”, así como otras variables que intervienen en el confort del aula. Los alumnos y alumnas se preocupan de “cartelear” las aulas pidiendo a sus compañeros y compañeras (y al profesorado también, ojo) que se acuerden de apagar las pantallas de los ordenadores, las regletas de enchufes…  Toman nota de todo y cada cierto tiempo se compara la factura eléctrica antes y después del periodo de intervención. Las actividades de concienciación sobre la necesidad del ahorro energético y el uso de energías renovables son cruciales, como por ejemplo un “solar chef” donde aprenden a cocinar con un… horno solar (!) las verduras de su propio huerto escolar.


Y… el ahorro es REAL: en 2014 más de 2800 €! Y eso que cuando el centro acometa algunas deficiencias que han detectado en el aislamiento (ventanas antiguas por donde se escapa el calor, por ejemplo) se incrementará considerablemente el ahorro. Hay que señalar que esta  “auditoría energética escolar” también ha servido para cambiar hábitos de uso que tienen que ver con la concepción arquitectónica original del centro. Por ejemplo: si antes con un interruptor se encendían los fluorescentes de todo un pasillo o un aula entera, sin tener en cuenta la luz que entrara por los ventanales, ahora se combina esa luz (natural) con la artificial de tal manera que sin escatimar en calidad de luminosidad, se encienden los apliques necesarios, y no más, mediante un sencillo cambio en la instalación de interruptores. La calefacción, otro agujero por donde se escapa el presupuesto está ahora automatizada, de tal modo que se enciende antes de que llegue el personal para calentar el centro, y se apagan a la hora justa para que el calor residual continúe irradiando hasta que se marche el último mono.


En definitiva, ha sido una visita corta pero de lo más instructiva, donde hemos aprendido de primera mano cómo funciona la innovación educativa con un proyecto de estas características. Hemos constatado además lo importante que es el profesorado concienciado, la implicación de todo el centro y el apoyo de las administraciones, local y autonómica. Porque la financiación es importante, sin duda. Aunque más importante aún es, imprescindible vamos, la energía humana que mueve a una comunidad educativa a embarcarse en una aventura como esta: el hacer un edificio público, en este caso un centro escolar, más eficiente energéticamente, sensibilizando en el proceso a toda la comunidad educativa. Podéis encontrar toda la información al respecto en este link Euronet 50/50 CEIP Menéndez Pelayo



Que cómo fue el viaje de vuelta a Santa Olalla? Pues nos pasamos por Zufre a comprar aceite de oliva ecológico virgen-extra Oleozufre, y cómo no, imposible resistirse… un paquete de papas Perdi! Que cayó, como es natural, por el camino…

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